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Las creencias limitantes pueden bloquear tu crecimiento personal

Si que actúas movida por el sentimiento de culpa, sientes la necesidad de estar ocupada 24/7 o simplemente vives una realidad que sabes que no es la que te corresponde, felicidades. Has logrado identificar una serie de pautas que limitan tu crecimiento personal: los pensamientos o creencias limitantes.

Aunque los hayas descubierto recientemente convives con ellos desde que tienes uso de razón. La sociedad y personas con autoridad que han circundado respecto a ti se han encargado de que las grabes a fuego en tu subconsciente. Hasta aquí las noticias menos buenas, porque estas ideas se pueden reprogramar, algo esencial para llevar tu desarrollo personal a otro nivel.

Hemos hablado con Elisa García, psicóloga de El Prado Psicólogos, sobre este tema. Estas son sus pautas para reconocerlas, trabajarlas y dejar que tu neuroplasticidad se encargue del resto.

¿Por qué se forman las creencias limitantes?

A partir de las experiencias vividas a lo largo de la vida: la educación recibida o las circunstancias personales.

Suelen integrarse por uno mismo a través de las figuras de autoridad se han tenido cerca.

Dichas vivencias configurarán gran parte de la forma de pensar actual.

 

¿Qué son exactamente y cómo nos afectan en el día a día?

Tienen que ver con la percepción de la realidad. Es un sistema de creencias que sirve para explicar de forma individual cómo funciona el mundo y en muchas ocasiones ayuda a entenderlo. 

En el día a día, aparecen en forma de pensamientos que: afirman, generalizan y juzgan, es decir, determinan la vivencia de las cosas y la forma de sentir. A veces positivamente. Otras se convierten en juicios que perjudican de manera negativa y son limitantes.

¿Cuándo suelen formarse?¿A qué edad somos más sensibles a ellas?

Durante la infancia. Este es el periodo donde se consolida y conforma el cerebro del niño. Es más permeable y absorbe más información sin cuestionarla: Es cuando se incorporan las normas sociales y la forma de relacionarse con el entorno.

¿Actúan a nivel subconsciente?

Lo hacen de forma automática. Sí, desde el subconsciente, ya que están muy interiorizadas desde la niñez, en la que adquieren utilidad para afrontar determinadas situaciones. Es como conducir, al cabo de los años no se cuestionan qué maniobras se utilizan, simplemente se conduce.

Son actos, pensamientos o creencias que aplicamos de forma inconsciente hay que convertirlos en conscientes para poder modificarlos. Este proceso conlleva un tiempo.

Resulta difícil de cambiar si no se entra en un proceso consciente, porque se trata de algo muy automatizado.

¿Somos responsables de alimentarlas a lo largo de la vida?

Sí, cuando nunca se ponen en duda o se cuestiona que esa realidad puede no ser única y verdadera. Es decir, en el momento en el que se adopta esa visión de la situación como la única posible.

Por ejemplo: si nos cruzamos con un viejo amigo por la calle y no nos saluda, podemos pensar en varios motivos de por qué no nos ha saludado. Si yo pienso automáticamente que es porque está enfadado conmigo por algo del pasado, me sentiré mal y dejaré de contemplar otras muchas opciones que podrían hacerme vivir con más calma una situación de la que no tengo certeza.

¿En qué ámbitos de la vida nos afectan?

Pueden aparecer en casi cualquier ámbito: laboral, familiar, social… Ya que como he comentado al inicio está asociadas a cómo se interpreta el mundo y la realidad que se vive día a día.

¿Cómo se pueden identificar?

Puedes comenzar por identificar cuándo sientes emociones con una intensidad superior a lo habitual. A partir de ahí, se recomienda escribir en que situación sucede y qué pensamiento o creencia va asociada a esa emoción. De este modo, poco a poco, estarás más atento y serás más sensible en su identificación.

¿Es posible eliminarlas? ¿Podría indicar algunas técnicas para disolverlas?

Más que eliminarlas como tal, poco a poco se pueden identificar y sustituir por otros pensamientos más beneficiosos y que generen emociones más positivas. En definitiva, que sean más adaptativos.

Lo primero es identificarlas, como hemos comentado: Qué situación y pensamiento van asociados a esa emoción que me provoca malestar.

A partir de ahí, conviene hacerse preguntas como: ¿Estas creencias son útiles? ¿Cuál es la evidencia de que lo que sucede es real? ¿Me sirve para algo?

Cuando nos hemos cuestionado, hay que plantear aproximaciones diferentes a la situación: ¿Existen puntos de vista alternativos? Se recomienda generar varios para seleccionar uno que me haga sentir mejor y tratar de sustituirlo por el anterior.

De esta forma, poco a poco, se puede incorporar un nuevo modo de funcionar y evitar que las creencias continúen limitando la forma de vivir.

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