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Sí, se puede practicar yoga con un bebé en casa

Sí se puede. Este fue el grito de guerra con el que Iglesias y sus acólitos celebraban la entrada de su formación en el Parlamento en las elecciones de 2017. Dos años más tarde, parece que se podía menos de lo esperado, pero con el yoga no pasa lo mismo.

Futuras y recientes mamás: Practicar yoga con un bebé de pocas semanas en casa es posible y altamente recomendable. Simplemente necesitas armarte de paciencia y organizarte. Estos son algunas fórmulas que me han ayudado a rescatar la esterilla y no morir en el intento.

1. Vuelve a los básicos

Tu cuerpo de hoy no es el de antes del embarazo. Ha pasado nueve meses creando un bebé y en ese periodo tu actividad física ha disminuido. A ello hay que sumarle el trabajo de parto y la transformación de tu pecho si estás alimentando al bebé.

Lo más recomendable es empezar la práctica desde cero y no tener expectativas respecto a ella. Cuando retomé el yoga tras dar a luz, comencé únicamente con saludos al sol, que me costaron como una clase completa de Ashtanga. Había perdido la fuerza en los brazos y en el abdomen, algo que tardaré semanas en recuperar. Fortalecer de nuevo el cuerpo tomará un tiempo y hay que respetarlo para evitar lesiones. Poco a poco he ido introduciendo posturas, pero es importante no evitar ninguna y ni pasar a la siguiente hasta que me siento cómoda con la anterior.

Es una forma de afianzar la secuencia y practicarla desde otra perspectiva. Además de un seguro para no dañar zonas sensibles por el esfuerzo al que han sido sometidas durante el embarazo y el parto y fortalecerlas.

2. Trabaja la paciencia

Pero el gran cambio no está en el cuerpo, sino en el bebé que ahora te demanda 24/7. Tendrás que armarte de paciencia si quieres retomar la práctica con éxito. Hay muchísimas probabilidades de que el bebé llore en algún momento mientras estás en la esterilla. La buena noticia es que se puede parar, atender al bebé y después, volver a la secuencia. Es el momento de poner a prueba la capacidad de resiliencia.

Hay veces que relajar al bebé puede llevar un periodo largo, si esto ocurre, prefiero realizar algunos saludos al sol antes de entrar en ninguna postura. También existen los días en que el bebé reclama atención constante. Cuando esto ocurre, prefiero dejar la práctica y no frustarme o entrar en un estado de ansiedad por el deseo de continuar.

3. Hay que ser flexible

Antes del bebé, era una yoguini de mañana, casi de alba. De hecho, aprovechaba la práctica temprana para dejar respirar al sistema digestivo desde la noche anterior hasta media mañana. Pero por el momento, no hay horarios fijos para el yoga. Según vaya el día y demande el bebé, busco el momento más tranquilo para practicar, que suele ser en torno a las 12 o 13. Otras veces, tengo que posponerlo a la tarde.

Tampoco es el momento de practicar en ayunas. Si das el pecho estarás hambrienta casi en todo momento y no es buena idea consumir las reservas del organismo, por tu salud y la de tu leche. Suelo tomar una fruta y una infusión con leche vegetal unos 40 minutos antes de la práctica.

4. Organiza el espacio

Es importante construir un espacio con todo lo que vayas a necesitar. Lo primero es un nido, silla o cuna cerca de la esterilla donde el bebé esté cómodo y al alcance de la vista. Además, necesitarás colocar una silla para darle de mamar si lo demanda. Recuerda tener cerca una muselina. Organízate para que los desplazamientos por la casa sean mínimos y que así evitar que tu concentración se distorsione.

5. Crea un entorno para la calma

Asegúrate de que el lugar donde practicas fomente la calma. Es mejor un espacio con pocos elementos, para evitar que la mente salte hacia ellos.

Aprovecha para cantar tus mantras junto a tu bebé y compartir con él la sensación de calma y equilibrio que proporciona la práctica.

5. Cuando estés en la esterilla respira

Lo más importante de la práctica es centrar la atención y esto se consigue en gran parte, a través de la respiración. La práctica de Ashtaga, que se la que realizo, favorece este hecho, entre otras cosas, gracias al trabajo desde una misma secuencia. Sin respiración consciente no hay yoga, por lo que tranquila si físicamente todavía no estás al 100% porque el verdadero trabajo está en observar cómo fluye tu respiración a través del cuerpo.

 

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