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¿La comida es tu premio? Te contamos por qué ocurre

Vivimos rodeados de estímulos que nos invitan a comer. Y no sólo eso, la mayoría de los alimentos procesados están diseñados para sentir placer. Alejandro Vera, psicólogo y experto en nutrición, desgrana los motivos por los que la comida se ha convertido en un premio.

Si nuestros antepasados pasaran cinco minutos en nuestra era y contemplasen la relación que tenemos con la comida, no cabrían en sí del asombro. Antiguamente, los alimentos eran un bien necesario para sobrevivir y poco disponibles. Con el desarrollo de la industria esta situación ha cambiado, y en la actualidad, el consumo de masas la ha colocado como un producto para la satisfacción emocional.

Cada vez son más los casos de ansiedad en consulta ambulatoria derivados, en parte del ritmo de vida que llevamos. De manera qué, no es ninguna locura pensar, que si estamos estresados de forma constante y se nos ofrece una solución inmediata, barata y accesible para descansar y sentir placer, la tomemos.

Un círculo vicioso

Muchas personas se sienten culpables por su relación con la comida. Habrá a quién esto la parezca una queja desconsolada, pero yo pienso que somos víctimas de la industria. ¡Qué casualidad! Generalmente tenemos una peor relación con la comida en aquellos momentos que nos encontramos emocionalmente peor.

Pero podemos salir de esta trampa. Pensemos, por ejemplo, en cómo nos enfrentamos a la compra en un supermercado. Lo más probable es que para llegar hasta el stand de las frutas, tengamos que pasar por un pasillo lleno de galletas, bollos, snacks… que para colmo en muchos casos, nos dicen lo que queremos oír.

“Bajo en grasas”, “sin azúcares añadidos”, “hechas con avena”. Intentamos resistirnos, pero en el fondo no queremos renunciar al placer y nos dejamos engañar. No es tan diferente del comportamiento en una adicción, ¿lo ves?

¿Cómo salir de la trampa?

La alimentación consciente es un movimiento de suma utilidad. No sé trata de desarrollar una tolerancia cero hacia cualquier producto poco saludable.

El objetivo es informarse sobre lo que se come. Para ello, deberíamos fijarnos en el etiquetado nutricional de los alimentos. No basta con mirar las calorías o quedarnos con el enunciado principal, debo preguntarme ¿qué lleva lo que como?

Los ingredientes que deberíamos evitar son

Aceites de refinados
Azúcares añadidos
Un exceso de sal.
Aditivos y edulcorantes

Pongamos por caso que quiero comprar pavo. La próxima vez que vayas al supermercado fíjate si el que compras lleva un montón de ingredientes que no sabes qué son ni para que sirven, porque en ese caso, ese producto no es saludable

¿Entonces no debemos recompensarnos?

Habrá quién te diga que no, que debe aplicarse un consumo cero. Yo, sin embargo, no lo veo de esta manera.
Creo que hay una diferencia fundamental entre el uso y el abuso. Igual que con cualquier otra sustancia, el problema no es el consumo de la misma, sino la adicción. En la adicción tú no decides, es la sustancia quién te gobierna.

Estableciendo una analogía: el objetivo es que sepamos lo que estamos comiendo y que cuando sea algo perjudicial para la salud, decidamos que nos lo podemos permitir. El problema de premiarse mediante la comida, es que esta se convierta en nuestra principal fuente de satisfacción y recurramos a ella de manera inconsciente.

Deberemos aprender a regularnos en relación a la comida. Y seguramente, hacer un trabajo personal para que la ansiedad no se traduzca en necesidad de comer. Existen muchas formas de disfrutar de la comida y no todas tienen que ser mediante el empleo de alimentos malos para la salud. Quizás al principio cueste hacer el cambio, pero con el tiempo podemos conseguir darnos un “homenaje” de forma saludable.

Este artículo ha sido escrito por Alejando Vera, director de Grulla Psicología y Nutrición.

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