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Expresar el enfado en el trabajo (sin que te perjudique) es posible

Es difícil mantenerse ajeno a la ira en el entorno laboral. Estrés, una lista de tareas que no se ajustan al horario, e incluso roces personales, hacen que el conflicto se desate más a menudo de lo deseable. Expresar el enfado ante el jefe o con un cliente casi nunca es una buena idea. Sin embargo, esto no quiere decir que haya que mantener en secreto el desencanto. Pero, ¿es posible manejar esta situación sin verse perjudicado?

“Por muy buen ambiente que haya en una empresa, es inevitable que surjan roces o tensiones entre los miembros del equipo. El estrés, la competitividad o el vertiginoso ritmo de trabajo pueden ser potenciales generadores de disputas, y cualquier mínimo roce puede resultar un factor de conflicto”, explican desde PageGroup, consultora especializada en reclutar mandos intermedios y directivos para las empresas.

Otro de los detonantes más comunes de los enfados en el trabajo es la sensación de amenaza. “No hablamos solo de la física, sino también de cualquier amenaza simbólica para nuestra autoestima. En el ámbito laboral, por ejemplo, el enfado puede desencadenarse por sentirse tratado injustamente, sentirse menospreciado o sentir frustración al desarrollar una determinada tarea”, explica Nilton Navarro, portavoz de Infojobs.

Pero ¿cuál es la mejor forma de abordar el problema sin que tenga una repercusión negativa? ¿Es posible sacar provecho a una situación de desencanto? Los expertos han compartido las claves para convertir la frustración en una oportunidad de crecimiento.

1. Fomentar la resiliencia

Expresar el enfado de la forma adecuada puede ayudar a construir mejores relaciones con jefes, compañeros o colaboradores. Compartir de forma sincera una situación incómoda y estar dispuestos a ponerle remedio puede incrementar la confianza en el equipo. Pero para ello hay que tener predisposición al cambio y capacidad de adaptación, y aquí es donde entra en juego la resiliencia.

Esta es una de las habilidades mejor valoradas por los reclutadores, entre otras cosas, por las situaciones de tensión que suelen aparecer en el entorno laboral. Esta capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un estado o una situación adversa es clave para resolver conflictos de forma eficaz.

“Cuando surge una situación que genera enojo y desagrado, la mejor opción es expresar de manera asertiva lo que nos ha molestado, es decir, generando la escucha y comprensión del otro, y a la vez establecer nuestros propios límites”.

2. Cuanto antes, mejor

Si tienes un roce con alguien de tu equipo es crucial que actúes lo antes posible. Dejarlo pasar hará que la tensión se acumule y provocará que el conflicto estalle más adelante. “Intervén en el momento que detectes que la tensión negativa se te acumula; solo así podrás evitar que la situación empeore. Ten en cuenta que, si no lo resuelves cuanto antes, la crispación puede desembocar en escenarios de difícil solución, y cuanto más esperes para actuar, más difícil será su resolución”, indican desde PageGroup.

3. Cambiar el tú, por el yo

Las acusaciones no funcionan cuando se quieren resolver conflictos. Aquí, el lenguaje toma un papel determinante. “Para expresar el enfado de manera efectiva, es necesario hablar desde nosotros mismos, desde lo que sentimos, compartiendo cómo nos afectó la situación o comportamiento. Por ejemplo, cambiar el “tú me haces sentir…” por «yo me siento…”, indica Navarro, de Infojobs.

Partiendo de esta premisa, es interesante intentar describir la situación de la forma más objetiva posible, y crear un ambiente sereno. “Es recomendable desarrollar esta conversación personalmente. Si no es posible hacerlo, es una buena opción recurrir a una video llamada o al teléfono. Podemos utilizar los beneficios de la tecnología para enfrentar estas situaciones. Lo importante es generar un espacio sin distracciones, donde pueda desarrollarse una conversación íntima que genere la suficiente confianza y empatía para aumentar la receptividad del otro”, añade.

4. Saber escuchar

Antes de iniciar cualquier conversación para expresar el malestar es esencial estar en calma, ya que de otra forma es imposible activar la escucha. “La capacidad de escucha es importante para entender el punto de vista del otro, puede ayudarnos a comprender su mirada acerca del problema, sus necesidades y expectativas. Es imposible solucionar un conflicto a través de un monólogo; todo lo contrario, es importante darle al otro la oportunidad de expresarse y no dar por verdadero lo que creemos que el otro piensa”, explica Navarro.o piensa”, explica Navarro.

Asimismo, la empatía es una herramienta clave para resolver problemas. “En el caso de un cliente, conociendo sus necesidades podremos ofrecerle soluciones a medida; y en el caso de un colaborador, nos permitirá reconocer sus verdaderas motivaciones y entender mejor los comportamientos que nos han causado desagrado”, comenta el experto.

En ocasiones, el descontento puede estar derivado por una sobrecarga de trabajo. En estas situaciones hay que utilizar también la empatía para decir no. “Para manifestar un “no” empático que no resulte en una confrontación, lo importante es que te muestres firme y seguro. Recuerda que firmeza no es sinónimo de agresividad, y que debes demostrar a tu interlocutor que le escuchas y le respetas. Confiando en ti mismo podrás transmitirle que te encantaría ayudarle, pero que, por diversos motivos, no puedes decirle que sí”, matizan desde PageGroup.

5. Sinceridad y confianza

Un conflicto o situación desagradable puede ser una gran oportunidad para practicar la comunicación asertiva, expresar nuestros sentimientos, poner límites a la otra persona y demostrar un punto de vista. Pero para manejar estas situaciones de forma saludable y aprovecharlas para el crecimiento personal es necesario que seguir una serie de pautas.

“Hay que identificar lo que necesitamos, lo que nos gusta y también lo que nos desagrada, y tratar de incluir esas pautas en las conversaciones habituales con las personas. Además, es conveniente crear espacios para preguntar el significado que subyace a los comportamientos del otro y no caer en supuestos. Asimismo, las conversaciones deben expresar los propios sentimientos, necesidades y deseos, y no incluir excesivos reproches hacia la otra persona”, recomienda Navarro.

“Expresar nuestros enfados de manera constructiva puede ayudarnos a resolver diferencias y desarrollar relaciones basadas en la confianza y sinceridad”, concluye.

Este artículo fue publicado originalmente en lavanguardia.com

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