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Dejarlo todo (menos el amor) por el yoga

Dejarlo todo (menos el amor) por el yoga

Un año antes de que la pandemia estallase, Marisa Wic daba un giro total a su carrera. Vinculada durante casi 20 años a la comunicación y la tecnología, decidió hacer un viraje en su carrera y dejarlo todo por el yoga. De hecho, en 2019 inauguraba junto a su pareja, Manuel Estelles, Numen, un estudio boutique dedicado a esta práctica. Aunque solo han pasado dos años, su experiencia se ha visto marcada por una pandemia, un temporal y mucha incertidumbre. No obstante, que tu pasión sea también tu profesión ayuda a superar obstáculos. Hablamos con ella sobre cómo el yoga se ha convertido en su mejor herramienta para cambiar el prisma desde el que afrontar realidad.

¿Qué te motivó para iniciar un negocio enfocado al bienestar?

Confluyeron varios motivos, pero destaco dos razones personales. Tras muchos años trabajando con mi pareja en el sector de la tecnología, con proyectos grandes y muchas tensiones y exigencias laborales, vislumbramos un tipo de vida diferente. Un enfoque más local y directo del negocio que nos permitiese aminorar el ritmo y los horarios, tener un contacto más humano y, por supuesto, mejorar nuestra calidad de vida.

El segundo motivo es que empezamos a practicar yoga juntos y a crecer como pareja de una forma más espiritual. Llevamos 25 años el uno con el otro y esta nueva armonía nos llevó a idear un proyecto en el que pudiésemos mostrar nuestra experiencia y pasión por esta filosofía.

Fuimos identificando y compilando todo aquello que, a nuestro juicio, debía tener un estudio de yoga para crear la mejor de las experiencias y, así, nació numen.

Nuestro principal objetivo es que los alumnos se sientan como en casa y desarrollen una sensación de felicidad y bienestar, desde el primer instante, al subir las escaleras. Por ejemplo, haciendo que el aroma a dama de noche te envuelva y con todo el mimo y cariño que le ponemos a cada detalle. Por eso estoy feliz y agradecida de caminar en esta nueva aventura a su a su lado y seguir creciendo.

Para vosotros es muy importante el upcycling, ¿ha sido un desafío implantarlo en numen?

Reducir, reparar, reusar, recuperar y reciclar son pilares de Numen desde el inicio. El local que alberga el estudio fue una tienda de trajes de novia, parte del mobiliario se ha mantenido, como espejos antiguos, sillas… Las antiguas puertas de los armarios son ahora mamparas de separación entre salas y esta es la cuarta vida de las puertas de madera de los baños.

También aprovechamos las botellas de agua que se consumen para guardar el agua de lluvia que recogemos para regar las plantas. Además, el suelo es de madera procedente de una explotación que garantiza la biodiversidad y reforestación del entorno. Todo en Numen tiene el marchamo de la sostenibilidad y el compromiso con el planeta.

Trabajar en un negocio dedicado al yoga, ¿supone una herramienta para gestionar tiempos difíciles como la pandemia?

Trabajar en Numen es ofrecer bienestar y eso hace que el día a día sea más fácil de llevar. Pero la herramienta que, definitivamente, nos ha permitido gestionar estos tiempos es el yoga (como práctica y filosofía de vida). Esta práctica nos hace más fuertes, aumenta las defensas y estabiliza el sistema inmunológico, así que ha sido y es un gran aliado. También mejora la flexibilidad y el equilibrio físico y emocional, lo que nos permite recuperarnos de la adversidad y afrontar la incertidumbre.

 

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En este sentido, la crisis sanitaria ha activado la resiliencia para la supervivencia de muchos negocios, ¿ha sido necesaria en vuestro caso?

Tenemos una gran capacidad para afrontar cambios, venimos del mundo del emprendimiento y la resiliencia es un atributo casi indispensable, y una vez más hemos tenido que aplicar esa capacidad para virar, en unas horas, de una actividad exclusivamente presencial a una actividad, durante los primeros meses de la pandemia, solo digital. Es cierto que ya contábamos con un bagaje tecnológico que nos ayudó a dar ese salto rápidamente y con calidad. Sin esa capacidad para el cambio y la adaptación hubiera sido todo mucho más difícil.

¿Cómo habéis logrado que numen se mantenga como una referencia en una época en la que se ha visto limitado el acceso a los centros de yoga?

Pues con mucho trabajo, tesón y pasión. Más que nunca, hemos mantenido la positividad y no nos hemos dejado vencer por el miedo o la incertidumbre. Ahora, nos enfrentarnos a cada día como a un folio en blanco para cumplir nuevas normas y requisitos cambiantes (sanitarios, de aforo, de higiene…). Es tiempo de campear temporales, figurados y reales como Filomena, que nos hizo cerrar una semana tras su paso.

Pero nunca dejando que la sonrisa se esfumara, contentos de cada persona que cruza el umbral para unirse a la comunidad de Numen y felices de contar con un equipo que nos apoya y acompaña.

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Además de empresaria, eres profesora de yoga, ¿cómo combinas estas dos labores? ¿Qué te aporta cada una? ¿Encuentras sinergias en ella?

En un principio, ser profesora no entraba en mi planificación, pero era la parte que nos faltaba para entender y cubrir todos los aspectos de Numen. En relación con los alumnos, ha supuesto un paso enorme que me ha permitido saber qué necesitan, lo que les gusta y entender qué esperan de un estudio y de una clase de yoga.

Percibir el sentir de un practicante de yoga, de primera mano, es un regalo que disfruto desde que imparto clase.

Además, he realizado distintas formaciones y conocer a otros profesores, como colega, me conecta con las nuevas tendencias, gustos, singularidades del sector. También me permite profundizar en otros aspectos y disponer de un conocimiento y una visión más íntegra y rica del yoga.

A nivel personal, ¿qué aspectos cotidianos te ayudan a mantener el bienestar personal ante el panorama actual?

Pequeñas y, a la vez, grandes cosas como disfrutar de las personas que quiero, a pesar de la distancia. Un buen libro, comer y beber rico, ver brotar la vida en mis plantas, conducir mi moto, escuchar música y el canto de los mirlos en esta primavera temprana. Y, por supuesto, compartir mi práctica de yoga con mis amigos en Numen, mi lugar favorito.

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