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El armario de moda sostenible de Laura Opazo

El armario de moda sostenible de Laura Opazo

Hace unos años la sostenibilidad no entraba en la ecuación de moda de Laura Opazo. La suya era una relación con la industria sostenida por la tendencia y, como ella misma define, «el consumo bulímico», alimentado por su trabajo en el mundo editorial. El tiempo ha transformado ese vínculo tóxico con el estilo por un consumo consciente y alineado con un entorno en equilibrio. Hoy se ha convertido en una de las principales divulgadoras de moda consciente, como manifiesta en su libro Armario Sostenible (Zenith, 2020). Laura nos cuenta cómo un sector marcado por la temporalidad puede reinventar su influencia.

 

¿Tuviste una epifanía «sostenible»?

No hubo una situación o hecho concreto, fue la suma de varias cosas lo que despertó en mí el interés por cambiar mi forma de relacionarme con la moda. Hasta entonces, era tremendamente consumista, compraba muchísima ropa y no era consciente de las consecuencias que implicaba este sector y el consumo bulímico (como el que yo tenía), en el entorno y a nivel social y personal.

Los últimos años fui sintiéndome cada vez más vacía y, curiosamente, a pesar de atesorar en mi armario las últimas tendencias, ni siquiera vestía mejor, porque había pervertido mi propia personalidad al son de lo que marcaban las revistas de moda. Lo que más resonó en mí, fue ser consciente verdaderamente de cómo se estaban haciendo y cocinando las cosas en la trastienda de muchas fábricas.

Por entonces, trabajaba en televisión presentando programas de moda en los que por 50 euros, tenía que mostrar cómo hacer un total look. Para lograrlo, recurría a tiendas de trueque o segunda mano pero muchas otras veces, pues las tiendas low cost al uso que todos conocemos. Sentí que no me apetecía promover ese tipo de relación con la moda, de comprar por comprar, y menos en productos confeccionados de manera dudosa.

La guinda fue que a nivel medioambiental esta industria estaba siendo devastadora, convirtiéndose en la segunda más contaminante del planeta. Así es como abrí tres frentes ante mí, el social, el medioambiental y el personal. En ese momento dije “basta”.

¿Qué cambios se desencadenaron a nivel personal a partir de este momento?

Tenía claro que debía empezar por cambiar mi actitud y mi relación con la moda y eso implicaba asumir que quizá era adicta a las compras. Decidí darme de baja en numerosos mails y newsletters de marcas que suponían un cebo para mí, dejé de visitar tiendas de moda, blogs y revistas online y mantenerme al margen en todo lo posible de los dictados sociales de imagen y estilo para redescubrir mi propio gusto y criterio y evitar caer en la tentación.

En paralelo, empecé a observarme más y a analizar mi actitud como consumidora haciendo un análisis de mi armario, donde encontré muchas respuestas (las malas decisiones arrojan mucha información valiosa que conviene aprender para tomar mejores decisiones de compra a futuro). También hice un curso de moda sostenible cuando esto era algo que sonaba todavía muy lejano, porque quería averiguar, entender y saber de dónde salía la ropa que hasta entonces, había comprado. En esa época me empapé de libros, documentales, … Leía todo lo que caía en mis manos y me dio una perspectiva distinta sobre las cosas.

Bajo tu punto de vista, ¿qué hábitos son los más dañinos relacionados con esta industria?

Pues por un lado, la industria de moda actual, que favorece un consumo rápido, nos ha ocultado que las cosas, para ser fabricadas, conllevan una serie de procesos, que hay manos y también hay recursos detrás. Creo que una de las cosas más nocivas que ha proporcionado es precisamente esa falta de transparencia. No somos conscientes de eso, porque como consumidores, vemos una prenda colgada en una percha y muchas veces tampoco hemos querido saber mucho más.

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Por otra parte, la industria low cost nos ha hecho tener como referencia los precios bajos y nos ha hecho considerar los precios justos como excesivos. Volver a educar al consumidor en precios equilibrados para todos es un gran reto al que debe enfrentarse el sector.

¿Cómo se puede revertir el impacto a escala personal, bajo tu punto de vista?

Tan sencillo como reutilizando lo que tenemos, sacando partido a los recursos que hay en nuestro armario y haciendo un consumo más inteligente y consciente, más sensato, menos impulsivo y más razonado. Además de reducir, reutilizar y reciclar, yo añadiría cuidar.

Si cuidamos con mimo las prendas que tenemos, sean de la calidad que sean, lograremos alargar su ciclo vital lo máximo posible y evitaremos comprar en un corto espacio de tiempo.

¿Crees que la industria de la moda puede reinventar su influencia social y medioambiental?

Lo ideal es que las empresas del sector redujesen su producción. No es necesario fabricar tanto ni crear colecciones cada dos semanas. Asimismo, utilizar tejidos reciclados o provenientes de deshecho sería idóneo para evitar tener que exigir nuevos recursos al planeta. Hay que hacer muchos cambios todavía y tal y como están concebidos algunos modelos de negocio, de base resultan lesivos por su tipo de estructura.

¿Podrías recomendarnos algunas marcas que lleven a cabo buenas prácticas reales?

En España hay muchas marcas que trabajan moda lenta y hacen cosas muy interesantes: Capitan Denim, María de la Orden, Rita Row, Bluyins, Momoc, …

¿Qué hace falta para moverse en moda desde el consumo consciente?

Vistiéndonos con personalidad, haciendo más caso a nuestra brújula interna y no tanto a los dictados externos, experimentando, mezclando y descubriendo nuestra propia esencia. Cuánto mejor nos conocemos, menos influenciables somos y menos nos dejamos arrastrar por el consumo impulsivo.

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