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El lado oscuro del pensamiento positivo

El lado oscuro del pensamiento positivo

Vivir en una constante búsqueda de la felicidad tiene sus riesgos. Parece que en la era de Mr. Wonderful ser feliz 24/7 es un mandato de obligado cumplimiento. Algo que, además de improbable, es agotador. La realidad está cargada de matices y muchos de ellos no guardan relación con el placer. Además, intentar bloquear las sensaciones poco agradables no supone ningún beneficio para el individuo, pero quizás, como indica Rafael Pardo, sí lo tenga para otros agentes externos. ¿Es la felicidad que nos venden un fraude? El historiador y teólogo analiza en su último libro Felicidad Tóxica (Desclée de Brouwer) el lado oscuro del pensamiento positivo. Hablamos con él sobre cómo manejar estos mensajes en una época dominada por el narcisismo.

¿Resulta tóxica la felicidad cuando está orientada hacia el individuo en lugar de a la colectividad?

La felicidad que sólo se dirige al individuo termina por ser narcisista, egoísta y hasta cruel. El narcisismo es expresión -y a la vez la causa- de numerosas patologías. Lo vemos en la cultura del  selfie: yo, miradme a mí, … ésa es la felicidad emocional de un niño de 3 años: observad lo que hago y admiradme. Éso te puede hacer feliz siendo joven y exitoso, pero en períodos de vulnerabilidad, vas a echar en falta no haber creado una red de apoyos familiares y sociales más fuertes.

Nos salva del narcisismo una felicidad más orientada hacia el grupo, la colectividad, las cosas públicas. En los sesenta los héroes eran M. Luther King y el Ché Guevara o cualquiera que se dedicara a causas sociales.

Los romanos y griegos consideraban un orgullo servir en las cosas públicas. Los orientales dan importancia al grupo (chinos, japoneses, coreanos).

¿Este enfoque está relacionado con el narcisismo que impera en la sociedad?

Sin duda, sólo una sociedad narcisista puede dar tanta importancia al “yo” y “mi felicidad”. Pero pensemos que hubo gente que prefirió la justicia antes que su felicidad personal. Por eso, hoy tenemos democracia. Existieron personas que combatieron regímenes del mal (como el nazismo) y sacrificaron su felicidad personal por un mundo mejor. A los ojos de una persona narcisista suena absurdo pero, ¿acaso no es ese tipo de vida algo más bello y necesario para nuestra sociedad que un estúpido selfie?

¿Puede que estemos recibiendo una visión distorsionada de lo que es la felicidad?

Se nos está vendiendo el ideal americano de felicidad, el self made, el hombre hecho a sí mismo. El cowboy que no necesita de nada ni de nadie, una felicidad sospechosamente orientada al éxito, a ser funcional en la empresa o a tener abundantes relaciones sociales.

Sin embargo, cuando lees a Tolstoi, Cicerón, Confucio, Séneca o Cervantes, no hablan nunca de la felicidad en este tono tan superficial.

Puede que toda la cultura anterior se haya equivocado o puede que estos gurús de la felicidad que de repente nos enseñan qué es ser feliz sea un gran fraude.

¿La propia búsqueda de la felicidad como estado vital puede hacernos infelices?

La felicidad es una emoción secundaria. En Psicología de la Emoción se estudia que sólo hay 5 emociones básicas que compartimos con los animales. Por tanto, son necesarias para sobrevivir: ira, tristeza, asco, miedo, alegría. Estas emociones son medibles (presión sistólica, actividad electrodermal, dilatación de la pupila…). En cambio, las emociones secundarias son subjetivas, humanas (los animales no las tienen). Son la culpa, vergüenza y felicidad, entre otras.

Perseguir un estado eufórico, constante, como un parque temático de 24 horas, sólo puede llevar a la ansiedad y depresión, porque tal cosa no existe en la vida real. Es lo que se conoce por estado maniático.

¿Podría indicarnos la diferencia entre pensamiento positivo y psicología positiva?

Como rama de la medicina preventiva, la psicología positiva es buena y trabaja bien desde los años 1970. El pensamiento positivo se entiende como una actitud optimista. Desde luego, es mejor levantarse con buenos pensamientos que no con mal humor. Pero el problema está en el uso de la psicología positiva que hizo Seligman, y su uso de pensamientos “positivos”. Todo ello orientado al marketing, publicidad, política … para reforzar el individualismo y la culpa.

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 Si te quemas en el trabajo por estrés, tú eres el culpable porque no sabes gestionarte emocionalmente. Si tienes una enfermedad de cáncer, el médico te reñirá porque no has llevado un estilo de vida positivo, …

Ése es el uso perverso de cierta psicología positiva (americana) y de ciertos pensamientos “positivos”.

¿Es un pensamiento desarrollado para beneficiar al capital?

Es tal el maridaje entre la psicología positiva (americana) y la empresa que no ofrece dudas. Hay un ensayo dedicado a denunciar este maridaje: Happycracia de Edgar Cabanas y Eva Illouz (Paidós). Habla sobre cómo el capitalismo hizo crack en 2008 y no ha creado un mundo feliz, sino más bien un mundo de estrés y depresión (“las enfermedades del s. XXI”). Asimismo apunta a cómo este sistema usa la técnica perversa de darle la vuelta a la responsabilidad y la culpa: la causa de tu estrés no es la falta de conciliación familiar (¡no!), ni el mobbing de tu jefe (¡no!), ni tu salario o condiciones laborales (¡no!), la causa del estrés es que tú eres un perdedor, alguien que no sabe gestionar sus emociones negativas, que no se adaptan al ritmo de la cadena del consumo.

Según explica, el pensamiento positivo es ilusorio, ¿puede esto generar frustración?

El pensamiento positivo no es ilusorio, ni la psicología positiva. Lo ilusorio es el mal uso de ambos para crear un parque temático 24 horas abierto. Si tú azuzas a un niño diciéndole que “si lo sueñas lo puedes alcanzar”, “los límites están en tu mente”, “hoy va a ser un buen día”, … ¿qué va a ocurrir cuando descubra que no sólo no va a ser Cristiano Ronaldo, sino que ni siquiera va a llegar a jugar en fútbol regional? ¿Y cuando venga una enfermedad grave, quizás por predisposición genética? ¿Y si el coronavirus te destroza el negocio que te costó 15 años levantar en cuatro meses?

¿Qué riesgos conlleva el bloqueo de las emociones consideradas como negativas?

Tanto las culturas orientales, con su yin y yan, como el mindfulness, hablan de escuchar esas emociones negativas, darles paso, dejar que afloren, observarlas. Nos muestran mucha información sobre nosotros mismos o sobre lo que nos sucede. Con frecuencia, si se bloquean, se destaparán en períodos de fuerte estrés o crisis y como consecuencia pueden aparecer regresiones emocionales, episodios psicóticos o adicciones.

El confinamiento ha puesto en evidencia muchos de esos tapones emocionales. Dicen que ha revelado a los individuos lo que son en realidad, los valores que tenían. He conocido el caso de gente joven y atlética que se ha derrumbado psicológicamente, porque no les habían contado que el happy end ocurre sólo en las películas, no en la realidad.

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