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El poliamor ha llegado a la cultura de masas, ¿estamos preparados para entenderlo?

El poliamor ha llegado a la cultura de masas, ¿estamos preparados para entenderlo?

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Hoy el amor sigue siendo cosa de dos y las relaciones también. Me lo han demostrado los buscadores de imágenes en los que he estado navegando para ilustrar este tema. Teclear amor es sinónimo de pareja y también de un merchandising edulcorado que caduca en San Valentín. Algo similar me ha ocurrido al introducir el término relación. Pero lo que más me ha sorprendido ha sido la búsqueda de poliamor. Porque una de las páginas que he visitado todavía se está pensando la respuesta. Otra, me ha regalado una secuencia de escenas tórridos con aires baratos que me prefiero ahorrar. Al final, he recurrido a las palabras y al cine para ponerle imagen a esta historia porque el poliamor no va de eso.

De hecho, en su fórmula encubierta y sin consenso se lleva practicado toda la vida. Las cifras son claras. Según uno de los últimos estudios realizados sobre el tema, el 39% de los españoles reconoce haber sido infiel. Es un hecho que algo falla en el sistema de la monogamia. Por eso hemos hablado con Miguel Vagalume, sexólogo especializado en sexualidades y relaciones no convencionales, para que nos hable sobre esta fórmula que gana adeptos entre las nuevas generaciones.

Comencemos por lo básico, ¿qué es el poliamor?

Actualmente, la palabra poliamor denomina la relación afectiva/romántica/sentimental que una persona tiene con otras dos, de forma simultánea y con el conocimiento de todas las personas implicadas. Es importante recordar que alude también a la posibilidad de tenerla, aunque no se ponga en práctica. Tener la puerta abierta a otras sin que se den. Una pareja de dos puede ser poliamorosa, del mismo modo que una persona puede ser bisexual sin que tenga que tener dos relaciones simultáneas con personas de identidad sexual diferente.

El Profesor Marstson y Wonder Woman es una historia basada en la vida real sobre el poliamor.

¿Está la sociedad actual preparada para este tipo de relaciones? ¿Son más populares entre las nuevas generaciones?

En su forma más superficial, la sociedad está buscando este tipo de relaciones. Es la única manera compatible con tener cientos de parejas «alternativas» en aplicaciones como Tinder, en grupos en Facebook o en grupos privados (whatsapp/telegram). Eso hace muy fácil comparar a la pareja actual con las otras opciones que tenemos e ir cubriendo necesidades con una variedad de personas. Y si se cree en la ley básica de la «monogamia en serie», en la que una persona reemplaza a otra, como si todas crearan relaciones similares. Esa sería la forma más consumista de entenderlas.

Aparte de esa forma consumista, las relaciones poliamorosas pueden ser muy diferentes unas de otras y ser beneficiosas para todas las personas implicadas, como demuestran las evidencias recogidas por Elisabeth Sheff y otros estudios sobre el tema.

No existe un único modelo. Pero sea como sea esa relación, se suele olvidar que sus miembros van a recibir mensajes constantes en su contra.

Tanto desde la cultura (películas, novelas, cuentos,… donde hay que elegir porque la felicidad es en pareja), como desde su entorno social, que se lo recordará constantemente, repitiendo que eso no funciona, que no es maduro, que ya verán cuando «se enamoren de verdad». Legalmente sólo encontrará problemas, al no existir uniones reconocidas de más de dos personas que ofrezcan los mismos derechos que las uniones monógamas.

Las generaciones más jóvenes son muy conscientes de que están creciendo en un mundo sexualmente y relacionalmente más complejo (con más opciones). Suelen incorporar fórmulas más improvisadas, ya que no suelen estar implicadas criaturas, propiedades, etc. Pero no será hasta dentro de unos años cuando sepamos cuál será su resultado.

Los estudios indican que el 39% de los españoles son infieles, ¿hay un problema con la monogamia? ¿Es el poliamor una propuesta más honesta?

La monogamia siempre ha tenido ese problema, lo han confirmado todos los estudios desde los años 50. Lo que sucede hoy día es que la idea de poder tener relaciones sexuales y/o afectivas con otras personas, además de la pareja, ha llegado a la cultura mayoritaria. Antes se entraba por defecto en una relación monógama sin plantearse qué se quería hacer y qué no. Ahora sí, aunque después se descarte la idea de llevarla a la práctica.

La propuesta inicial del poliamor se basa en la honestidad, aunque luego se lleve a la práctica con los mismos pros y contras que las relaciones monógamas.

De todos modos, siempre hay una mayor tendencia a la honestidad al tener unos modelos de referencia (en guías prácticas, encuentros, grupos, etc) donde es un factor fundamental.

Una ventaja del poliamor es que, si existe la opción de tener otras relaciones simultáneamente, se van a poner en conocimiento del otro cuando sucedan. Produce un aumento de la confianza mutua, al saber que, si no se comenta nada, es que no está pasando nada. Es algo que por definición se mantiene en secreto en la monogamia y que deberías querer compartir en el poliamor.

Si una pareja tradicional decide abrirse al poliamor, ¿debe establecer algún tipo consenso debe establecer? ¿Por qué suele desencadenarse este cambio (si es que sucede)?

El cambio sucede por muchas razones. Hay quien no se lo había planteado nunca, pero se encuentra de repente inmerso en una relación emocionalmente profunda con una tercera persona. Entonces es cuando lo plantea a su pareja inicial, sin necesidad de que esa relación esté pasando por un mal momento. Otras veces sucede porque se cree que puede ser la solución para superar una crisis en la relación: en ese caso, rara vez funciona.

También se puede dar ese cambio por considerar que ciertos aspectos de sus prácticas o deseos sexuales se pueden satisfacer mejor con otras personas, como en el caso de asexualidad, BDSM, crossdressing, etc. En general, prácticas que no interesan especialmente a uno de los miembros. 
Hay quienes optan por tener este tipo de relaciones para incrementar la sensación de libertad. 
Y hay quienes lo hacen como una apuesta política, como una forma de cuestionar y replantear las formas tradicionales de relaciones afectivas, bien desde el anarquismo, bien desde las ideas de la revolución sexual de los 60, bien desde el feminismo.


Three, de Tom Tykwer, otro título sobre el poliamor.

El consenso básico necesario, que a menudo se olvida, es que cuando se hable de abrir la relación, compartan qué están pensando: ¿Aventuras de vez en cuando? ¿Ua vez a la semana? ¿Una relación estable con terceras personas? ¿Vacaciones con ellas? ¿Conocerlas en persona o no?… Hablar sobre los deseos de cada cual les llevará a conocer más a su pareja, lo que puede tener un efecto positivo. Conectar es la clave.

¿Qué cualidades necesita una persona para tener éxito en este tipo de relaciones?

Janet Hardy, coautora de Ética Promiscua, las resume en tres. 
La primera, ser conscientes de quienes somos. Es decir, tener cierta capacidad de introspección y de identificar nuestros deseos, emociones… Como dice Janet: «Si te falta honestidad respecto a qué quieres, a quién eres, es poco probable que te relaciones de forma honesta con el resto de miembros de la relación. 
La segunda, cierta tolerancia al caos, porque a veces las cosas no son tan fáciles de organizar al estar dentro de redes con tres o más personas. Tampoco de que todo el mundo esté a gusto con lo que recibe, por lo que será necesario hacer ajustes a menudo. 
Y la tercera, empatía, capacidad de escucha y evitar ponerse a la defensiva.

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¿Qué factores pueden arruinarlas?

Como en toda relación, la principal es la pérdida de confianza. Además, influyen todas las mismas problemáticas que surgen en relaciones monógamas.

¿Podemos hablar de poliamor cuando únicamente se amplían las parejas sexuales?



El problema con esta cuestión es que el poliamor se ha construido en oposición a otras dos formas de relaciones no exclusivas: El engaño y el swinging. Hace más de diez años, sólo se hablaba de tres grupos: quienes engañaban a su pareja, quienes tenían relaciones sexuales con terceras personas (pero no desarrollaban una relación afectiva/sentimental con ellas) y los que disfrutaban de relaciones sexuales y afectivas (o sólo afectivas) con otros.

Es decir, una relación donde se engañaba, o una relación swinger o una relación poliamorosa, en ese momento no había más opciones. Eso hace que el poliamor busque constantemente diferenciarse de ellas.

La cuestión es que los límites no son tan nítidos. No existe una academia del poliamor que certifique la veracidad de la relación, así que habrá quien use la etiqueta de una forma mayoritariamente aceptada y quien no. En general, cuando se usa este término es porque alguien mantiene cierta vinculación afectiva simultánea con dos personas.

Podrías indicarnos las principales ventajas y desventajas de una relación poliamorosa frente a una monógama?



Las ventajas y desventajas se tienen que medir respecto a las expectativas que pongan sus miembros en ella. Cada cual llega en un momento personal diferente y las ventajas serán muy diferentes para quienes tienen 20 años o 60, además de todas las circunstancias personales que también influyen. No existen unas ventajas o desventajas inherentes, lo importante es la calidad y las dinámicas que se den en esas relaciones ¿Hacen que todo el mundo se encuentre mejor? Entonces son ventajosas.

Y el poliamor con hijos, ¿cómo se encaja esta fórmula?

Al hablar de criaturas en familias poliamorosas, no hay mucha información pública en nuestro país, más allá de Maya, la hija de Juliette Sigfried, Roland y Laurel. La información más fiable sobre este tema es la que da Elisabeth Sheff, que ha estado estudiando familias poliamorosas durante más de dos décadas. Eso asegura que sus conclusiones responden a algo más que una primera impresión o que se refieran a situaciones muy pasajeras. 
Los resultados que ha recogido Sheff son que esas criaturas suelen decir que están más a gusto porque hay más personas adultas que las cuiden. Aparte de eso, del estudio de Sheff también se deduce que no influye en nada en las elecciones que hacen esas criaturas al crecer y establecer sus propias relaciones. Las hay que saben que tendrán más de una pareja y las que sólo quieren tener una.

¿Suelen las relaciones poliamorosas vivir bajo un mismo techo?

En este momento, la mayoría no lo hacen, pero sí las hay. De todos modos, pensar que se deba convivir de forma permanente es parte de lo que se suele llamar escalera mecánica de las relaciones, ese recorrido vital por defecto que debe ir subiendo de nivel para considerar que la relación no se ha estancado. Y en ella, las últimas fases siempre son convivencia y crianza. Afortunadamente, el cuestionamiento de los tipos de relación que se ha derivado de la aparición del poliamor, hace posible poner estos temas sobre la mesa y tomar las decisiones conscientemente, no por defecto.

¿Tienes cifras sobre las relaciones poliamorosas en nuestro país, Europa?

Las últimas que se manejan siguen considerando que una relación de este tipo, abiertamente no monógama, sólo se da en un 5% de la población (The Secrets of Enduring Love, de Meg-John Barker y Jacqui Gabb, 2016). Pero aparte de las identificadas como tales, hay otras muchas formas en que las parejas no son estrictamente monógamas, lo que complica tener números más concretos.

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