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Lo que comes puede sabotear tu energía

Lo que comes puede sabotear tu energía

Un adulto aparentemente sano debería tener energía para afrontar el día sin llegar al límite. Sin embargo, ¿cuántas veces la jornada laboral parece ser insostenible con el cansancio crónico como un indeseable compañero? La clave puede estar en lo que comes. Es probable que, pese a disfrutar de toda una noche de sueño, este no sea reparador y ello puede derivarse de gestos cotidianos que no permitan que el organismo descanse.

Comer no es sinónimo de nutrirse. «Pensamos que cuanto más comemos más energía y es un error», comenta María Kindelán, nutricionista y naturópata especializada en nutrición energética.

Hablamos con María sobre cómo recuperar la vitalidad perdida a través de la dieta y nos hacemos con sus do & don’t para vivir mejor a través de la alimentación.

¿Qué provoca que nos encontremos fatigados durante el día, pese a haber descansado por la noche?

La sensación de fatiga no es algo repentino, surge como consecuencia de un desgaste alargado en el tiempo. El estrés, el sedentario, el abuso de la tecnología y los hábitos alimenticios tienen mucho que ver. De hecho, estos últimos cuentan con un peso importante.

¿Dónde surge el problema?

El cansancio crónico suele derivarse de un intestino que acumula toxicidad. Puede estar provocado por sustancias alimenticias que tienen un efecto extremo en en el sistema nervioso. También, porque el intestino no dispone de las horas necesarias para repararse.

¿Cuándo se hacen más evidentes los bajones de energía?

Son más habituales a medio día o final de la tarde, cuando el nivel de glucosa disminuye, pero cuando el cuerpo está sobrecargado pueden notarse desde por la mañana.

¿Existen alimentos que fomenten el cansancio?

Pensamos que cuanto más comemos más energía y es un error. La combinación de hábitos de descanso y una buena elección de nutrientes de fácil digestión y absorción son la clave.

Existen muchos productos en la alimentación actual que merman la energía, como el azúcar, los aditivos químicos y conservantes, vinagres, fritos, harinas refinadas, alcohol, …

Acidifican el organismo provocando una desmineralización silenciosa.

Además, la cantidad de formatos de alimentos «desvitalizados» (envasados, enlatados, congelados) o mal cocinados, destruyen parte importante de sus micro nutrientes y vitalidad.

Los alimentos que integran fitatos y oxalatos (derivados de ácidos, de los que se ha llegado a decir que son antinutritivos) son controvertidos, ¿a qué se debe?

Reducen la absorción en el organismo de minerales importantes al formar compuestos que no se metabolizan en nuestro cuerpo. Algunas semillas y frutos secos como las nueces, los frijoles, las legumbres y los cereales contienen ácido fítico. Cuando este ácido se une a un mineral en la semillas, se produce el fitato.

Se trata de un compuesto que no es digerible, y aunque posee los beneficios de la fibra, también forma sales insolubles con minerales como el calcio, el hierro, magnesio, fósforo o zinc. Esta unión limita su absorción en el intestino.

En cuanto al ácido oxálico, se liga a minerales formando sales que no se absorben en el organismo humano, por ello, nos reducen la disponibilidad de elementos como el hierro, el calcio y el magnesio. Se encuentra principalmente en vegetales de hoja verde, como las espinacas y las acelgas, por lo que deberíamos tomarlas con moderación y sólo si son ecológicas, por su alto contenido en nitratos.

¿Qué tipo de alimentación contribuye a mantener los niveles de energía?

Para lograr una energía sostenible durante el día, lo importante es evitar la sobrecarga de los alimentos descritos anteriormente y optar por calidad más que cantidad: elegir los más frescos y naturales posibles para asegurar el máximo de nutrientes.

La forma de cocinar debe ser ligera con una combinación equilibrada donde haya verduras en abundancia, cereales integrales limpios y remojados (suministran energía de absorción lenta), proteínas ligeras y grasas buenas procedentes del aceite de oliva, semillas activadas y frutos secos de forma moderada.

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Conviene evitar estimulantes como la cafeína o la teína, ya que generan alteraciones en el sistema nervioso que nos hacen entrar en un círculo de dependencia.

Mejor recurrir a infusiones más suaves pero que activan, como el té verde matcha o bancha, la menta, el jengibre o la infusión de ciruela de umeboshi, que gracias a su poder alcalinizante refuerzan el organismo y fomentan la concentración.

Según la alimentación energética, ¿qué deberíamos consumir en cada momento del día?

Lo ideal es llevar siempre el mismo horario. Desayunar entre las 7 y las 9 am, nutrirse con bebidas alcalinas que refuercen y cremas de cereales templadas y añadir algunas semillas o frutos secos. De esta manera despertamos el aparato digestivo con suavidad y proporcionamos al organismo combustible de calidad para la mañana.

 

Si la jornada es larga, conviene tomar a media mañana fruta de temporada con frutos secos. Pero si se tiene una condición energética fría, mejor elegir una tostada ligera con proteína de calidad. En la comida de medio día es muy importante que estén presentes todos los nutrientes esenciales, con variedad de sabores y texturas.

El equilibrio nutricional, la hidratación y activar el cuerpo en la medida de lo posible harán que la vuelta a casa al final del día sea relajada y no caigamos en las temidas ansiedades del picoteo.

Una cena temprana a base de sopas o purés de verduras y un segundo plato compuesto de proteínas de fácil absorción (contribuirán a un buen descanso) y una correcta recuperación del nivel energético para el día siguiente.

Si deseas ampliar información sobre la nutrición energética o participar en uno de sus talleres o cooking shows, puedes ponerte en contacto con María Kindelán en www.mariakindelan.com

Imágenes: Unsplash, María Kindelán.

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