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¿Por qué cada vez más personas sufren ecoansiedad?

¿Por qué cada vez más personas sufren ecoansiedad?

Desastres naturales con fecha probable como el deshielo previsto en el polo norte en 2050, o el #earthovershootday, que cada año marca el momento en el consumimos más recursos naturales de los que la tierra puede soportar, han generado una nueva forma de ansiedad: la ecoansiedad. El cambio climático es un asunto que necesariamente ocupa la agenda diaria de los medios de comunicación, pero esta herramienta de concienciación social elemental puede provocar entre los más sensibilizados con el tema episodios de angustia y estrés.

“Siendo la ecoansiedad ni más ni menos que la preocupación por el futuro incierto al que nos enfrentamos, si, cada vez son más las personas que se dan cuenta de la crisis climática a la que nos abocamos”, expone Manuela Martín, activista del movimiento Fridays for Future (FFF), una iniciativa estudiantil a escala europea que busca situar la crisis ambiental que atraviesa nuestro planeta en el foco de atención.

Y, en efecto, el sentimiento crónico de preocupación por el impacto del calentamiento global está aumentando. Según un estudio realizado por la empresa de tendencias globales WGSN, el 90% de los encuestados a nivel mundial dijo que pensar en la crisis climática les hace sentir incómodos respecto su futuro.

¿Qué es?

Aunque no está considerada una patología en sí misma, la American Psychology Association define la ecoansiedad como “el miedo crónico ante la catástrofe medioambiental”. Algunas personas sufren episodios cotidianos de pena y desesperación, otros muestran ataques de pánico repentinos. Incluso, en algunos casos se manifiesta en la toma de decisiones vitales como no tener hijos porque piensan que puede ser poco ético debido a la superpoblación del planeta y la calidad de vida futura en él.

“No es una patología, pero la ansiedad, la tristeza, la preocupación y las obsesiones se van a dar en muchas personas por muy distintos motivos relacionados con la destrucción o la vulnerabilidad del medio ambiente”, señala Julia Vidal, psicóloga sanitaria y directora de Área Humana Psicología.

Según indica la especialista: “Pueden expresar este tipo de ansiedad con anticipaciones de desastres que no han sucedido. Y si se han vivido hechos de forma cercana o a través de una noticia, es factible desarrollar un estrés post traumático ante el suceso”. Algo que puede evidenciarse también a través de problemas de sueño o preocupación constante.

La distancia psicológica

Ser testigos de cómo una mayoría de la sociedad no toma medidas ante la urgencia climática es un estresor añadido. Aunque las noticias sobre catástrofes naturales son habituales, ¿por qué algunos se resisten a entenderlo? Se trata de un fenómeno denominado como distancia psicológica, por el que términos como cambio climático y calentamiento global se conciben a gran escala, pero no se relacionan con las consecuencias que tienen a nivel personal.

“Cuando la gente aprende y experimenta los impactos del cambio climático, la comprensión aumenta”, expone el estudio Salud Mental y nuestro Clima Cambiante, realizado por la APA. El texto revela cómo los efectos locales del cambio climático son más relevantes a nivel individual, impactan más en más personas, que el fenómeno general del calentamiento del planeta, sobre todo cuando los efectos directos se combinan con las noticias.

Las personas más vulnerables ante esta afección son las que tienen más conciencia respecto a la protección del medioambiente y los ecosistemas. «Pueden sentir enfado, rabia, frustración ante las consecuencias que puedan desencadenarse”, aclara la psicóloga.

Una frustración, que como comenta Martín es necesaria para mejorar el escenario. “La verdad es que no quiero dejar de estar preocupada, porque la situación actual requiere estarlo. La educación ambiental es importante, para que todo el mundo pueda preocuparse como yo, necesitamos mucha gente preocupada para poder cambiar el mundo”.

Sensibilidad ecológica

Durante los últimos meses hemos visto cómo mascarillas, guantes y otro tipo de elementos de protección se han convertido en objetos cotidianos. Barreras de un solo uso utilizadas y desechadas por gran parte de la población mundial que van a tener un gran impacto en el planeta. De hecho, la ONG francesa Mer Propre alertaba hace unos meses sobre lo que califican como basura Covid. “Sabiendo que se ordenaron más de 2.000 millones de máscaras desechables, pronto podría haber más máscaras que medusas en las aguas del Mediterráneo…!”, comentaba en RRSS Joffrey Peltier, uno de sus miembros.

Sin embargo, pocas son las marcas que proponen la versión biodegradable de estos artículos, algunos de uso obligado; otro tipo de intereses priman sobre los del medio ambiente. Este escenario es uno de los muchos susceptibles de generar ansiedad en las personas más sensibles ante la ecología.

“Es necesario que la gente se dé cuenta; que la incertidumbre que sufre mi generación por el futuro no es algo sin fundamentos. Llevamos más de 50 años ignorando las advertencias de la comunidad científica, que se tomen acciones reales y contundentes ahora, va a determinar nuestras vidas, y ver como la mayoría de gobiernos mundiales miran para otro lado, es algo que asusta”, señala Martín.

Según un estudio realizado por Steven Shepherd y Aaron Kay, las personas que recibieron información más compleja sobre el medioambiente se sintieron más indefensas y propensas a dejar el problema en manos del Gobierno. Por otra parte, los que se sentían ignorantes sobre el tema preferían evitar escuchar más cosas negativas. En ambos casos, una de las propuestas que ofrece la APA es conectar el impacto climático con soluciones prácticas que inviten a la acción mientras se construye resiliencia emocional.

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En este sentido, la joven activista reivindica la necesidad de una formación generalizada más específica. “Creo que la educación sobre la crisis climática y ecológica a la que nos enfrentamos puede ayudar a todas las personas. Teniendo siempre en cuenta que debe ser una educación ambiental con personas preparadas. No se me va a olvidar nunca apagar la luz, cerrar el grifo, que el plástico es malo y que hay que reciclar, pero es hora de ir un poco más allá, todo lo mencionado es importante, pero necesitamos mucho más, y es importante que la gente lo sepa”.

 

Vivir el desastre

Además de la ansiedad provocada por las previsiones científicas, los desastres naturales tienen graves consecuencias en la salud mental de las personas. Según la APA, un meta-análisis de estudios sobre este asunto, la ansiedad general era el tipo de psicopatología con la mayor tasa de prevalencia. Por ejemplo, una investigación sobre las personas que se vieron afectadas por el huracán Katrina reflejó que el suicidio y la ideación suicida duplicaba al de la media, y el 49% de los encuestados desarrolló un trastorno de ansiedad o del estado de ánimo, como la depresión.

“Hay muchas personas que sufren mucho al ver cómo se destruye el patrimonio, cómo se quema o se inunda su entorno cercano. Tener adquiridas herramientas de manejo y control de las emociones es fundamental para sobrellevar la situación”, advierte Vidal. La búsqueda activa de soluciones, mantener el sistema nervioso simpático en calma a través de técnicas de relajación y respiración son algunas de las propuestas de la psicóloga.

¿Cómo mantener a raya la ecoansiedad

Estas son otras fórmulas para que la ansiedad no interfiera en el desempeño personal:

  • Reforzar la resiliencia. Tener la capacidad de adaptarse a la adversidad es fundamental en un mundo en transformación por el cambio climático. Las personas que se sienten positivas acerca de su la capacidad de superar una fuente de estrés y de trauma lo hacen mejor que las personas con menor autoeficacia.
  • Promover el optimismo. Aunque las perspectivas globales son pesimistas, diversos estudios exponen cómo las personas dispuestas a encontrar algo positivo en sus circunstancias tienden a desarrollar mejor su cometido que quienes no lo son.
  • La autorregulación. “La capacidad de controlar los impulsos inmediatos es un aspecto crucial para asumir los retos constantes a los que nos enfrentamos”, sugiere Vidal.
  • Encontrar un propósito. Unirse a la causa a través del activismo puede ayudar a controlar la ansiedad. “Llegué a FFF preocupada, pero sin mucha idea de la crisis climática. Sigo aquí porque ahora que sé más, sé lo necesario que es el activismo, y a la vez me ayuda a sobrellevar la situación estar rodeada de personas que comparten mi incertidumbre por el futuro, dispuestas a luchar a mi lado por un mundo mejor”, comparte Martín.
  • Apoyarse en la comunidad. Encontrar personas con preocupaciones similares a las individuales mejora la motivación y la capacidad de actuación. “Sin duda alguna, lo que más ayuda es rodearte de personas con las mismas preocupaciones, que entiendan el miedo que puedes tener. También, hacer activismo junto a ellas. Saber que, aunque tu futuro es incierto y el gobierno ignore tus peticiones, no estás parada mirando al techo, sino intentando cambiar la situación”, añade la activista.

Este texto se publicó originalmente en Lavanguardia.com

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